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PostHeaderIcon El arte callejero, una nueva forma de hacer turismo.

Se puede definir al arte callejero o arte urbano como todo el arte expresado en la calle normalmente de manera ilegal o como una forma artística de intervenir el espacio público.

El arte callejero en Argentina comenzó a consolidarse en los años 90 gracias a la llegada de artistas extranjeros y algunos argentinos que habían aprendido a hacer graffiti en Europa o Estados Unidos.

Viajar ganandote la vida

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La creación de murales y graffiti en Inglaterra, Estados Unidos y en otros países de Europa está prohibida, es por eso que Buenos Aires ha sido cuna para diversos artistas, cada uno con una diferente forma de expresión. Ahí, en lugares en decadencia, edificios y casas abandonadas, espacios públicos degradados, es donde los artistas callejeros logran plasmar su arte y revivir los barrios de porteños.

Marina Charles, es una inglesa que al mudarse a Buenos Aires pudo notar el arte latente de la ciudad, crear su empresa Graffitimundo y construir una propuesta distinta: un recorrido turístico por los principales barrios de la ciudad donde se puede apreciar el arte de distintos artistas, contactarse con ellos y comprar sus obras.

“Hace 8 meses estuve viviendo en Buenos Aires con una amiga, aprendiendo castellano y buscando trabajo. Nos encantó el arte callejero de la cuidad y quisimos hacer un tour pero cuando nos dimos cuenta de que no había nada como esto, decidimos empezar nuestra empresa”, explica Marina Charles.

En Londres Marina trabajó con artistas urbanos, ilustradores y diseñadores, pero siempre notó que existía una mirada negativa hacia el arte callejero. “En Argentina los artistas tienen la libertad para pintar donde quieren de una manera relajada, algo muy distinto en relación a otro países donde el arte urbano está prohibido”

El objetivo de Graffitimundo es promover los trabajos de los artistas argentinos en su país y en el mundo, mediante un recorrido por los barrios de Palermo, Belgrano, Colegiales y San Telmo, donde se pueden apreciar los graffitis y murales que se esconden detrás de la ciudad que estamos acostumbrados a ver.

Al igual que Graffitimundo existen otras organizaciones que intentan promover el arte urbano en Buenos Aires. Este es el caso de Hollywood in Cambodia, una galería de arte callejero ubicada en Thames y Costa Rica, Turbo Galería en Costa Rica al 5800, Loveyou y Sixfeet, dos tiendas en Palermo que venden piezas de arte, indumentaria y accesorios y Diente de Oro, un espacio que brinda la posibilidad de realizar talleres de arte urbano.

Si bien Graffitimundo es la única empresa en el mundo que promueve el Street Art desde una mirada turística, Inglaterra cuenta con dos espacios que posibilitan la promoción del arte callejero, Ektopia y Pure Evil. Así también Estados Unidos cuenta con Wooster Collective, una página de Internet que promueve las obras de varios artistas en Nueva York, Fecal Face, una tienda de San Francisco que vende piezas de artistas de todo el mundo y Unurth en Los Ángeles.

PostHeaderIcon Malabarismo el Arte en las Calles

En una mano la herramienta del arte y la de las ciencias sociales y en la otra es posible llegar a comprender una sociedad, vivir en carne propia y después de pensar en cambiarla de alguna manera, generando así todo un proceso de identidad y organización “desde abajo”.

malabarista

malabarista

Comenzando de esta idea, un grupo de colegas de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) de antropología, unidad Iztapalapa, y alumnos de diversos planteles de bachillerato, decidieron reunirse para hacer del malabarismo callejero una forma de subsistencia alternativa, pero también una estrategia de intervención en los barrios populares.

Se trata del Colectivo, que desde hace un par de años se ha dedicado a cultivar el arte callejero en explanadas y espacios abiertos de la delegación Iztapalapa, como la salida del teatro Quetzal, donde llamado la atención de las personas de la zona.

Aunque para la mayoría el inicio en los malabares se dio de una forma más bien circunstancial, ahora esta actividad les ha permitido no sólo ganarse un poco de dinero, sino también ejercer la antropología “en el terreno”, de manera directa, contrastando la teoría con la realidad que ven cotidianamente en los semáforos.

“Todo surgió por la inquietud de hacer talleres con la gente del barrio. Yo, por cosas del destino me hice unos “gol-os” y a partir de ahí me nació el gusto por hacer esto, con lo que podemos salir del ámbito de la secundaria”

Y a través de lo que aconteció cada vez más colegas de mi barrio se unieron en un conjunto de malabarismo callejero.